Carlos Durán

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Nací un 11 de noviembre de 1982, y, por lo que me cuentan, nací al revés. Quién sabe si eso influiría en mi manera de ver las cosas, el mundo y la música.

Desde pequeño me gustaban películas de ciencia ficción, e incluso era frecuente que consumiera algunas películas de terror de los 70-80. Subconscientemente una de las cosas que más me gustaban eran las canciones; creo que de manera insconciente me di cuenta de como la música influía en el clima en la atmósfera, en los sentimientos, en la epicidad de cada momento. Llegó un momento en que, después de pasar por la guitarra cuando era un crío, decidí entrar en la música cuando con mi hermano Miguel empezabamos a descubrir el Rock. Sin embargo, la primera vez que ví al fallecido bajista de Metallica, Cliff Burton, se me rompieron todos los esquemas, ¿con el bajo se podía hacer eso?. Entonces me olvidé de la guitarra, no porque se me diera mal, de hecho aún la toco, pero comprendí que quería entrar en el mundo de las 4 cuerdas y conseguir algo diferente.

Me dediqué en cuerpo y alma al bajo en mis años de instituto, y en la época en la que falleció mi padre me encerré en él, llegando a dedicar incluso 10 horas al día, autorecluyéndome de manera voluntaria, como si hubiera perdido el tiempo durante años, como si hubiera empezado tarde…

Mi interés especialmente radicaba en tocar el bajo de una manera no convencional, no quería ser un bajista que se escondiese. Navegando para encontrar bajistas especiales que no se escondieran detrás de una banda me di cuenta de que había una lista interminable, y que cada cual hacía un tipo de música diferente, jazz, funky, metal y heavy ; me encantan Marcus Miller, Victor Wooten, Billy Sheehan o al Grandioso Jaco Pastorius…. de repente me iba a encontrar de frente con el Rock Progresivo, y el grupo puente iba a ser una de mis bandas favoritas, Tool. Ya no sólo era una manera diferente de ver el bajo, era una manera diferente de entender la música, la estructura de composición, los roles de cada instrumento… desde ahí volví a los Queen y Pink Floyd que mi hermano Dani me ponía en la infancia, y desde ahí King Crimson, Camel, Yes y compañía irrumpieron con fuerza en mi vida, y ya nada fue igual.

Aparte de tocar desde la infancia con mi hermano Miguel, ya había empezado a compartir música con David Alejo (fue quien me mostró Tool) y un verano decidimos ponernos con estandares de jazz para pasar un verano tocando en diferentes pueblos y ciudades andaluzas, un experimento muy interesante y divertido que empezamos también con otro amigo, Ignacio Nuñez, quien, paradojas de la vida, estaba al principio en la formación del proto- Sweet Hole, sin embargo la abandonaría a la vuelta de aquel verano, por motivos personales y de estudios.

Al volver de aquel verano jazzero, mi hermano Miguel me presenta a un compañero suyo de instituto, Eduardo López. En esos años, Miguel y yo habíamos dejado de tocar juntos y teniamos proyectos diferentes, pero ahora me proponían formar una banda en condiciones con ellos. Aún no habíamos esbozado de qué estilo sería, pero Edu además de disfrutar con la misma música que nosotros, nos ponía con muchísimo esmero canciones de sus grupos prog favoritos. Acepté.

La banda va dando pequeños pasos, pero seguros, y Sweet Hole debuta en Casas Viejas, con la formación de Edu López a la batería, Miguel a la guitarra, Javier Barrantes en los teclados, Javier Carrasco a las voces y yo en el bajo. A partir de ahí el grupo entra es un proceso creativo pero también pedagógico y cognitivo, puesto que ese barco era también una escuela, en las que desarrollar tanto nuestra habilidad con nuestro instrumento como desarrollar nuestro oído, afilar nuestra expresividad, gusto e inteligencia musical. Javier Barrantes dejó Sweet Hole en 2009 para ser sutituido por David Alejo, aunque posteriormente en 2011 y 2012, colabora con nosotros en los conciertos homenaje a Edu. Elegimos, y me considero con gran parte de peso, en este aspecto, a David Carrasco para ocupar el sitio de Edu entre una lista de conocidos y de baterías, y gracias a esa elección Sweet Hole sigue siendo ese mismo barco que zarpó en 2004, con la misma ilusión pero con la ventaja de la experiencia.

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