David Carrasco

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Nací un 1 de abril de 1988 en Sevilla, ciudad en la que resido actualmente. Siendo el menor de 5 hermanos pronto empecé a desarrollar inquietudes musicales a la par de mi hermano Javier, vocalista del grupo, con el que me gusta recordar las largas horas que pasábamos, aun siendo muy pequeños, armonizando voces mientras cantábamos canciones de todo tipo, desde temas infantiles hasta pasodobles de Carnaval. De ahí la actual compenetración que tenemos al componer las voces y coros de la banda.

Con el paso de los años el abanico musical que escuchaba se fue ampliando. Fue entonces cuando llegó a mis oídos, gracias a mi hermano Javier, el “Keeper of the seven keys, Part II”, del grupo Helloween. He de decir que este disco abrió delante de mi un nuevo horizonte de melodías, ritmos y armonías vocales que hasta ese momento no había escuchado, dejando en lo más profundo la huella rockera que perdura hasta hoy. Empecé a interesarme por este estilo de música y los grupos que la componían, tanto nacionales como internacionales. Así pasaba de escuchar “The Number of the beast” de Iron Maiden o “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd a “El Patio” de Triana, disco que me marcó para el resto de mi vida y que abrió la puerta a sonidos más psicodélicos y progresivos. El interés por nuevos estilos musicales que reforzaran mi repertorio me llevó a estudiar a grandes músicos con repertorios muy variados, entre ellos “Chick Corea” al piano, “Joe Satriani” o “Guthrie Govan” a la guitarra, o “Mike Portnoy” (Dream Theater), “Dave Weckl” (Dave Weckl and the Weckl Band) o “Danny Carey” (Tool) a la batería, entre otros muchos, acrecentando también mi interés por este instrumento.

Aun así, el primer instrumento que aprendí a tocar fue el bajo. Motivado por los arreglos rítmicos de estos nuevos grupos que escuchaba decidí comprarme mi primer bajo con 13 años. Tras compartir con amigos muchos ratos de Jam Sessions y algunos proyectos musicales, me embarco en la creación de una banda de Rock español con algunos colegas muy afines al tipo de música, sin saber que esa tarea me ocuparía los siguientes 10 años de mi vida, formando así el grupo Refugio. Tras editar varios trabajos y después de multitud de conciertos, algunos de ellos compartiendo escenario con el que sería mi actual grupo “Sweet Hole”, la banda se disuelve por diversos motivos personales, aunque la amistad con los integrantes del grupo y el mutuo interés por la música siguen vigente a día de hoy.

Es entonces cuando comienza una nueva etapa musical en mi vida, esta vez como batería, mientras terminaba mis estudios como técnico de sonido. Tras el repentino y trágico fallecimiento de Eduardo López, antiguo batería de Sweet Hole, el grupo queda desolado por el duro golpe que la vida les propinó. Aun así, con el dolor aun reciente y el vacío que Edu les dejó, deciden seguir adelante pese a las adversidades, y continuar así el legado musical que compartían desde la fundación del grupo, dedicándole a partir de ahora cada gesto y esfuerzo a su memoria. Y esa difícil y ardua tarea recayó sobre mí. La amistad que me unía con el grupo y mi descarado gusto por la música que ofrecían me obligaban a no perderme un solo concierto de la banda y a visitar con frecuencia su local de ensayo desde hacía varios años, hasta el punto de conocer cada uno de los temas casi tanto como ellos. Así, me dieron un par de baquetas y se pusieron a tocar, y a un ritmo vertiginoso tuve que ponerme las pilas para afrontar los nuevos proyectos que se traían entre manos. No hubiera sido capaz sin la ayuda y las regencias que me dejó Edu, al que me gusta considerar como mi primer maestro de batería, ya que sin saberlo me traspasó un legado a la batería propio de un melómano de su envergadura.

A partir de ahora las cosas comienzan a ocurrir muy deprisa. A la vez que nos encerrábamos en el local para seguir perfeccionando los temas que ya tocaban antes de mi llegada  y creando algunos nuevos, empiezo a compartir mucho más tiempo con los integrantes de la banda, que aunque ya gozaba de su amistad y compañía, ésta se intensifica a diario. Fruto de esta relación comenzamos a compartir nuevas referencias musicales, quedando prendado del Rock Progresivo de los 70, música a la que hasta ahora no había dedicado, sin duda, el tiempo que se merecía. Hablamos de “King Crimson”, “Camel”, “Yes”, Génesis”…, y por supuesto grupos que considero que siguen ese legado casi olvidado de aquella maravillosa época, como “Tool”, “Transatlantic”, “Neal Morse”, etc…

Casi sin darme cuenta termino de grabar “Riddles of mind”, primer proyecto de la banda que desgraciadamente Eduardo dejó sin terminar, y que incluye dos temas en los que la batería esta grabada por él. Nos lanzamos a la carretera a tocar por distintas ciudades de España y grabamos “Retrospective”, segundo trabajo de estudio de la banda, en el que mi actual maestro, Diego Ruiz Géniz, batería de la mítica banda sevillana “Storm” y gran amigo, puso todo de su parte para que el disco llegara a buen puerto. Y así parece que ha sido, ya que nos ha abierto las puertas a seguir tocando por salas españolas muy a menudo y trabajando en nuevos e apasionantes proyectos que muy pronto darán a luz.

 

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