In The Court Of The Crimson King | King Crimson

 

In The Court Of The Crimson King

The rusted chains of prison moons
Are shattered by the sun.
I walk a road, horizons change
The tournament's begun.
The purple piper plays his tune,
The choir softly sing;
Three lullabies in an ancient tongue,
For the court of the crimson king.

The keeper of the city keys
Puts shutters on the dreams.
I wait outside the pilgrim's door
With insufficient schemes.
The black queen chants the funeral march,
The cracked brass bells will ring;
To summon back the fire witch
To the court of the crimson king.

The gardener plants an evergreen
Whilst trampling on a flower.
I chase the wind of a prison ship,
To taste the sweet and sour.
The pattern juggler lifts his hand;
The orchestra begin;
As slowly turns the grinding wheel
In the court of the crimson king.

On soft grey mornings widows cry,
The wise men share a joke.
I run to grasp divining signs
To satisfy the hoax.
The yellow jester does not play
But gently pulls the strings
And smiles as the puppets dance
In the court of the crimson king

En La Corte del Rey Carmesí

Las enmohecidas cadenas de las prisiones lunares
están destrozadas por el sol.
Doy un paseo y los horizontes cambian
el torneo ha comenzado.
El flautista púrpura toca su tonada,
el coro canta dulcemente;
tres arrullos en una lengua antigua,
para la corte del Rey Carmesí.

El guardián de las llaves de la ciudad
pone cerrojos a los sueños.
Espero afuera de la puerta del peregrino
con planos insuficientes.
La reina negra canta la marcha fúnebre.
Las rasgadas campanas de bronce tocarán
para llamar a la bruja de fuego
en la corte del Rey Carmesí.

El jardinero planta una siempreverde
mientras pisa una flor.
Persigo el viento de un barco de prisma
para saborear lo dulce y lo amargo.
El modelo de prestidigitador levanta su mano;
la orquesta empieza.
Mientras suavemente cambia la rueda de molar
en la corte del Rey Carmesí.

Sobre las suaves montañas grises las viudas lloran,
los sabios comparten una broma;
corro a empeñar signos divinos
para satisfacer el fraude.
El bufón amarillo no juega
pero gentilmente tira de las cuerdas
y sonríe mientras los títeres bailan
en la corte del Rey Carmesí.

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