Javier Carrasco

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Nací un 20 de mayo de 1985. Mis padres me suelen contar que desde los cuatro años ya tenía un micrófono en la mano a todas horas, ya fuera cantando sevillanas, copla o temas de pop-rock de aquella época.

Mis primeros recuerdos musicales son cantando con mi hermano David, batería del grupo, canciones infantiles o pasodobles de comparsas y chirigotas de carnaval de Cádiz, por el que aún hoy día sigo sintiendo un gusto especial.

Cuando tenía dieciséis años un amigo me recomendó la compra de un disco que para mí significó un antes y un después en mi vida musical, el Keeper of the Seven Keys II, de la banda alemana Helloween.

A partir de entonces comienzo a escuchar a muchísimos grupos de heavy metal como Iron Maiden, Rhapsody, Scorpions, Gamma Ray, Judas Priest, y en el panorama nacional a bandas como Saratoga, Barón Rojo, Avalanch, Tierra Santa y grupos por el estilo, y más tarde a grupos más variopintos como Extremoduro, Marea, Triana, Ska-P, Queen, Guns and Roses, Barricada, Boikot o Mago de Oz.

Cuando tuve diecisiete ó dieciocho años me compran una guitarra eléctrica y comienzo a chapurrear acordes y melodías y aún hoy sigo teniendo guitarras españolas o acústicas, pero más como hobby que otra cosa, ya que mi verdadera pasión siempre han sido las cuerdas vocales. Tenía un piano de pared y un teclado Yamaha que también aguantaron mis intentos de sacar algún tema al completo, pero hasta ahí llegó la cosa. Sobre todo me encantaba quedar en casa de algún amigo con intereses musicales comunes, para ponerme en el ordenador a cantar y grabar versiones de temas de hard rock y heavy.

Fue cuando tenía diecinueve cuando un amigo me comenta que unos compañeros de instituto suyos que tocaban en una banda de rock estaban interesados en hacerme una prueba, ya que mi colega les había dado buenas referencias mías como vocalista y ellos buscaban uno por aquel entonces. No me lo pienso y me presenté a aquella prueba aunque con poco éxito debido a mis nervios que me jugaron una mala pasada y no canté aquella noche como hubiera deseado ni por asomo. Era algo totalmente nuevo para mí el que una banda me hiciera una prueba, y al verme en el punto de mira… pues eso, que mis nervios hicieron de las suyas.

No obstante mi amigo vuelve a interceder por mí y la banda me llama para un par de ensayos para seguir probando mis aptitudes, en los que por cierto comenzamos a dar forma a lo que hoy día es el tema “Inferior Being”. Mis nervios se templan en esos ensayos y poco después fue Miguel Durán el que me llama para darme la noticia de que les había gustado mucho y de que estaba dentro.

A partir de ahí se abre para mí un nuevo mundo dentro del rock, y gracias a mis compañeros empiezo a escuchar grupos como Dream Theater, Transatlantic, Led Zeppelin, Deep Purple, King crimson, Pink Floyd, Camel y tantos otros grandes del hard rock y del progresivo o sinfónico hasta el día de hoy.

Mucho ha llovido desde que ingresé en la banda, incluso han ido cambiando miembros, y sobre todo el palo que fue la muerte de nuestro primer batería Edu López. Pero hasta con esto nos hicimos más fuertes y decidimos tirar para delante. El balance con Sweet Hole en estos años es muy positivo para mí musicalmente y en muchos más aspectos, y cada día me siento más orgulloso y feliz de pertenecer a esta banda y de haberme embarcado en esta bonita aventura.

 

Carlos Durán

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Nací un 11 de noviembre de 1982, y, por lo que me cuentan, nací al revés. Quién sabe si eso influiría en mi manera de ver las cosas, el mundo y la música.

Desde pequeño me gustaban películas de ciencia ficción, e incluso era frecuente que consumiera algunas películas de terror de los 70-80. Subconscientemente una de las cosas que más me gustaban eran las canciones; creo que de manera insconciente me di cuenta de como la música influía en el clima en la atmósfera, en los sentimientos, en la epicidad de cada momento. Llegó un momento en que, después de pasar por la guitarra cuando era un crío, decidí entrar en la música cuando con mi hermano Miguel empezabamos a descubrir el Rock. Sin embargo, la primera vez que ví al fallecido bajista de Metallica, Cliff Burton, se me rompieron todos los esquemas, ¿con el bajo se podía hacer eso?. Entonces me olvidé de la guitarra, no porque se me diera mal, de hecho aún la toco, pero comprendí que quería entrar en el mundo de las 4 cuerdas y conseguir algo diferente.

Me dediqué en cuerpo y alma al bajo en mis años de instituto, y en la época en la que falleció mi padre me encerré en él, llegando a dedicar incluso 10 horas al día, autorecluyéndome de manera voluntaria, como si hubiera perdido el tiempo durante años, como si hubiera empezado tarde…

Mi interés especialmente radicaba en tocar el bajo de una manera no convencional, no quería ser un bajista que se escondiese. Navegando para encontrar bajistas especiales que no se escondieran detrás de una banda me di cuenta de que había una lista interminable, y que cada cual hacía un tipo de música diferente, jazz, funky, metal y heavy ; me encantan Marcus Miller, Victor Wooten, Billy Sheehan o al Grandioso Jaco Pastorius…. de repente me iba a encontrar de frente con el Rock Progresivo, y el grupo puente iba a ser una de mis bandas favoritas, Tool. Ya no sólo era una manera diferente de ver el bajo, era una manera diferente de entender la música, la estructura de composición, los roles de cada instrumento… desde ahí volví a los Queen y Pink Floyd que mi hermano Dani me ponía en la infancia, y desde ahí King Crimson, Camel, Yes y compañía irrumpieron con fuerza en mi vida, y ya nada fue igual.

Aparte de tocar desde la infancia con mi hermano Miguel, ya había empezado a compartir música con David Alejo (fue quien me mostró Tool) y un verano decidimos ponernos con estandares de jazz para pasar un verano tocando en diferentes pueblos y ciudades andaluzas, un experimento muy interesante y divertido que empezamos también con otro amigo, Ignacio Nuñez, quien, paradojas de la vida, estaba al principio en la formación del proto- Sweet Hole, sin embargo la abandonaría a la vuelta de aquel verano, por motivos personales y de estudios.

Al volver de aquel verano jazzero, mi hermano Miguel me presenta a un compañero suyo de instituto, Eduardo López. En esos años, Miguel y yo habíamos dejado de tocar juntos y teniamos proyectos diferentes, pero ahora me proponían formar una banda en condiciones con ellos. Aún no habíamos esbozado de qué estilo sería, pero Edu además de disfrutar con la misma música que nosotros, nos ponía con muchísimo esmero canciones de sus grupos prog favoritos. Acepté.

La banda va dando pequeños pasos, pero seguros, y Sweet Hole debuta en Casas Viejas, con la formación de Edu López a la batería, Miguel a la guitarra, Javier Barrantes en los teclados, Javier Carrasco a las voces y yo en el bajo. A partir de ahí el grupo entra es un proceso creativo pero también pedagógico y cognitivo, puesto que ese barco era también una escuela, en las que desarrollar tanto nuestra habilidad con nuestro instrumento como desarrollar nuestro oído, afilar nuestra expresividad, gusto e inteligencia musical. Javier Barrantes dejó Sweet Hole en 2009 para ser sutituido por David Alejo, aunque posteriormente en 2011 y 2012, colabora con nosotros en los conciertos homenaje a Edu. Elegimos, y me considero con gran parte de peso, en este aspecto, a David Carrasco para ocupar el sitio de Edu entre una lista de conocidos y de baterías, y gracias a esa elección Sweet Hole sigue siendo ese mismo barco que zarpó en 2004, con la misma ilusión pero con la ventaja de la experiencia.